"La energía fotovoltaica ha dejado de ser solo una cuestión de potencia instalada para convertirse en un reto de integración territorial"
La energía fotovoltaica ha dejado de ser únicamente una cuestión de potencia instalada, coste de generación o eficiencia tecnológica para convertirse en un desafío de integración con el territorio, la agricultura y las infraestructuras existentes.
Esta es la principal conclusión que extrae Emilio Muñoz Cerón, coordinador del panel temático “Agrivoltaica, sistemas fotovoltaicos y transición energética” celebrado en el XXX Congreso Internacional de Dirección e Ingeniería de Proyectos (CIDIP / ICPME 2026).
A su juicio, la innovación solo aporta verdadero valor cuando responde a problemas reales, mejora la sostenibilidad de los proyectos y demuestra su viabilidad desde una perspectiva técnica, económica, ambiental y social, incorporando además una visión de largo plazo basada en el ciclo de vida de las instalaciones.
El panel, coordinado por Emilio Muñoz, catedrático de Proyectos de Ingeniería de la Universidad de Jaén y especialista en energías renovables, reunió seis comunicaciones que analizaron el papel de la energía fotovoltaica como una de las herramientas clave para avanzar hacia la transición energética.
La sesión partía de una idea compartida: la fotovoltaica ha dejado de ser únicamente una cuestión de potencia instalada, costes o eficiencia tecnológica. Una vez demostrada su madurez y competitividad, el gran reto consiste ahora en integrar estas instalaciones de forma sostenible en el territorio, las infraestructuras existentes, el sistema energético y la actividad agrícola, conciliando innovación tecnológica, viabilidad económica y sostenibilidad a largo plazo.
El panel comenzó con dos trabajos dedicados a la fotovoltaica flotante. Ana Fernández-Guillamón presentó un estudio orientado a evaluar el potencial de instalación de sistemas fotovoltaicos flotantes en presas hidroeléctricas españolas, mientras que Juan Francisco Canalejo Rodríguez expuso un análisis experimental sobre la influencia del ensuciamiento en la operación de un sistema fotovoltaico flotante.
A continuación, Francisco Javier Martínez Solano presentó una propuesta para la integración de sistemas energéticos híbridos en estaciones de bombeo de redes colectivas de riego. Posteriormente, Ángel Campos-González abordó la sostenibilidad de los sistemas agrivoltaicos mediante el análisis de estructuras de soporte y módulos fotovoltaicos. La quinta comunicación, presentada por Miguel Sánchez, se centró en la influencia de la disposición de módulos bifaciales en el rendimiento real de una instalación fotovoltaica.
Finalmente, la sesión concluyó con el trabajo de Marta Terrados-Cristos, quien presentó un análisis de ciclo de vida prospectivo de una planta fotovoltaica de autoconsumo en el contexto de la evolución prevista del mix eléctrico español hasta 2050.
Del conjunto de las presentaciones y del debate posterior surgieron varias conclusiones relevantes, que el moderador del panel Emilio Muñoz nos detalla a continuación:
• La fotovoltaica busca nuevos espacios ante la creciente presión sobre el territorio
Uno de los aspectos que atravesó buena parte del panel fue la necesidad de repensar dónde y cómo se despliegan las instalaciones fotovoltaicas. En los últimos años, el crecimiento de grandes plantas solares ha generado controversias en distintos territorios, especialmente cuando se percibe que estas instalaciones compiten con el uso agrícola del suelo o transforman de manera significativa el paisaje.
En este contexto, la fotovoltaica flotante y la agrivoltaica aparecen como alternativas de especial interés. No deben entenderse únicamente como nuevas tipologías tecnológicas, sino como respuestas a un problema de integración territorial. La fotovoltaica flotante permite analizar el aprovechamiento de superficies vinculadas a infraestructuras hidráulicas existentes, como embalses, presas o balsas de riego. La agrivoltaica, por su parte, plantea una convivencia más estrecha entre generación eléctrica y producción agrícola.
No obstante, el debate dejó claro que estas soluciones deben evaluarse con rigor. No basta con ocupar un nuevo espacio para considerar que un proyecto está mejor integrado. En el caso de la agrivoltaica, el valor del proyecto dependerá de que exista una verdadera compatibilidad entre producción energética, actividad agrícola, condiciones microclimáticas, gestión del agua y rentabilidad de la explotación.
• La fotovoltaica flotante ofrece oportunidades, pero exige criterios propios de diseño y operación
Las dos primeras comunicaciones permitieron analizar la fotovoltaica flotante desde dos escalas diferentes. Por un lado, se presentó una metodología basada en sistemas de información geográfica para identificar superficies aptas en embalses asociados a presas hidroeléctricas, teniendo en cuenta condicionantes técnicos y operativos que garanticen la compatibilidad con la generación hidroeléctrica y la gestión del agua.
Por otro lado, el análisis del ensuciamiento en una instalación flotante en clima mediterráneo mostró que la operación real de estos sistemas presenta particularidades que no pueden abordarse simplemente trasladando los criterios utilizados en plantas terrestres. La baja inclinación de los módulos, la acumulación no uniforme de partículas, la presencia de depósitos adherentes o de origen biológico y el efecto solo parcialmente recuperador de la lluvia ponen de manifiesto la necesidad de estrategias específicas de operación y mantenimiento.
Esta fue una de las ideas centrales de la sesión: la innovación en fotovoltaica no puede limitarse al diseño conceptual o a la identificación de nuevos emplazamientos. Debe ir acompañada de conocimiento experimental, monitorización adecuada y criterios de operación adaptados a cada entorno.
• El nexo agua-energía-agricultura requiere una visión integrada del proyecto
La ponencia sobre sistemas híbridos en estaciones de bombeo para redes colectivas de riego permitió conectar directamente el debate fotovoltaico con las necesidades energéticas del sector agrícola. El riego consume una parte muy significativa de los recursos hídricos disponibles y, en muchas zonas, requiere importantes consumos eléctricos asociados al bombeo.
La coincidencia entre los periodos de mayor demanda de riego y mayor disponibilidad de recurso solar abre una oportunidad clara para la integración de energía fotovoltaica. Sin embargo, la aportación principal de la comunicación fue plantear que la energía solar no debe incorporarse como un añadido posterior a estaciones de bombeo ya existentes, sino como una variable de diseño desde la fase inicial del proyecto.
Esto implica coordinar la selección de bombas, la potencia instalada, la estrategia energética, la velocidad de giro, el perfil de demanda, la posibilidad de apoyo de red y, cada vez más, la incorporación de almacenamiento. La transición energética en el ámbito agrícola no es solo un problema eléctrico, sino un problema de diseño integral de infraestructuras hidráulicas, energéticas y productivas.
• La agrivoltaica debe aportar valor real al sector agrícola
Aunque la sesión solo incluía una comunicación específicamente centrada en agrivoltaica, el tema estuvo muy presente en el debate general. La agrivoltaica surge, en buena medida, como una respuesta a la tensión entre despliegue renovable y uso agrícola del suelo. Sin embargo, su justificación no puede basarse únicamente en compartir físicamente un terreno.
La comunicación sobre evaluación de sostenibilidad de sistemas agrivoltaicos mostró que las decisiones de diseño tienen consecuencias ambientales relevantes. La elección de materiales para las estructuras, la posible reutilización de soportes, el uso de madera frente al acero o la incorporación de módulos semitransparentes modifican los impactos ambientales del sistema. Además, algunas soluciones que reducen un indicador ambiental pueden incrementar otros, lo que refuerza la necesidad de análisis completos y no parciales.
Durante la mesa redonda se destacó que la agrivoltaica debe evaluarse por su capacidad para generar valor añadido al sector primario. Ese valor puede estar asociado a la reducción de evaporación, la mejora de determinadas condiciones de cultivo, la protección frente a estrés térmico o hídrico, la diversificación de ingresos o la mayor resiliencia de las explotaciones agrícolas. Por tanto, la pregunta relevante no es solo si una instalación agrivoltaica produce electricidad, sino si mejora o, al menos, no compromete la función agrícola del terreno.
• La bifacialidad confirma la importancia de los detalles de diseño
La ponencia dedicada a módulos bifaciales permitió introducir una dimensión más tecnológica, pero muy conectada con la ingeniería de proyectos. Aunque los módulos bifaciales están ya ampliamente implantados en el mercado, su rendimiento real depende de variables que no siempre se consideran con suficiente detalle en la fase de diseño.
La disposición de los módulos, la geometría de la instalación, el albedo, la irradiancia trasera y la configuración de los generadores pueden condicionar de forma significativa el comportamiento del sistema. El análisis en condiciones reales de operación aporta, por tanto, información práctica para mejorar el diseño de futuras instalaciones.
Esta comunicación reforzó una conclusión transversal del panel: la madurez comercial de una tecnología no elimina la necesidad de caracterizar su comportamiento real. En una etapa de fuerte despliegue fotovoltaico, los detalles de diseño siguen siendo determinantes para mejorar el rendimiento, reducir incertidumbres y evitar decisiones basadas exclusivamente en criterios estándar.
• La sostenibilidad debe analizarse con perspectiva de ciclo de vida y visión de futuro
La sesión concluyó con una comunicación centrada en el análisis de ciclo de vida prospectivo de una planta fotovoltaica de autoconsumo industrial. Su principal aportación fue superar la visión estática de los impactos ambientales y contextualizar el proyecto dentro de la evolución prevista del mix eléctrico español entre 2025 y 2050.
Esta aproximación resulta especialmente relevante porque las instalaciones fotovoltaicas se diseñan para operar durante varias décadas. Por ello, sus impactos no deberían evaluarse únicamente en función del contexto energético actual, sino considerando escenarios futuros de descarbonización, fabricación, transporte, construcción, operación, mantenimiento y fin de vida.
En el debate también se abordó una cuestión cada vez más importante: la incorporación de baterías. En un contexto en el que determinados proyectos fotovoltaicos afrontan restricciones de producción, vertidos técnicos, precios de mercado muy bajos o incluso negativos en algunas horas y procesos de refinanciación, el almacenamiento empieza a convertirse en un elemento central para la viabilidad económica de las plantas.
Sin embargo, su incorporación también modificará el balance ambiental del sistema y deberá integrarse de forma rigurosa en los análisis de ciclo de vida.
• El reto no es solo innovar, sino demostrar cuándo la innovación aporta valor
Uno de los momentos más interesantes de la mesa redonda surgió a partir de una pregunta planteada al panel: ¿estamos diseñando sistemas técnicamente brillantes, pero comercialmente de nicho? La cuestión generó un debate intenso, con intervenciones críticas desde el público hacia algunas de estas nuevas tipologías de instalaciones.
La discusión permitió identificar una tensión real.
Por un lado, soluciones como la fotovoltaica flotante, la agrivoltaica, los sistemas híbridos o determinadas configuraciones bifaciales pueden implicar mayor complejidad técnica, mayores costes iniciales y nuevas incertidumbres de operación y mantenimiento.
Por otro lado, también pueden aportar un valor que no siempre se refleja en los indicadores económicos convencionales: menor presión sobre el suelo agrícola, reducción de evaporación, mejor integración con el riego, aprovechamiento de infraestructuras existentes, mejora de condiciones de cultivo o mayor capacidad de adaptación al sistema eléctrico.
Por tanto, la conclusión no fue que estas soluciones sean siempre mejores, sino que deben evaluarse caso por caso. La innovación tiene sentido cuando resuelve un problema real, aporta valor al territorio y mejora la viabilidad global del proyecto. No se trata de añadir complejidad por sí misma, sino de diseñar soluciones más adecuadas al contexto técnico, económico, ambiental y social en el que se implantan.
En definitiva, el panel puso de manifiesto que la fotovoltaica está entrando en una fase de mayor madurez, pero también de mayor exigencia. Un buen proyecto fotovoltaico ya no puede definirse únicamente por la potencia instalada, la producción prevista o el coste específico de inversión.
Debe valorarse también por su integración territorial, su compatibilidad con otros usos, su comportamiento operativo, su sostenibilidad a largo plazo, su aceptación social y su capacidad para aportar valor más allá de la generación eléctrica.
La Dirección e Ingeniería de Proyectos tiene aquí un papel fundamental: ordenar esa complejidad, integrar criterios técnicos y no técnicos, anticipar riesgos y convertir la innovación en soluciones viables, sostenibles y útiles para el territorio.
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